viernes, 4 de diciembre de 2015

La literatura y el cine

A veces, en bastantes ocasiones, la creencia de conocer algo nos impide hacerlo realmente. Son muchas las obras literarias llevadas , con mayor o menor fortuna, al cine. El haber visto esas adaptaciones al cine muchas veces nos disuade de leerlas. Error. Esa decisión de llevar a la pantalla ciertos libros tiene, a mi parecer, un doble efecto. Como casi todo, tiene su conveniencia y su inconveniente. Por un lado, lo da a conocer, por el otro, aborta en muchos de nosotros la elección de su lectura. Una engañosa idea de que al ver la película ya conocemos la obra nos mitiga la apetencia de su lectura. El que se invierta en la producción de su adaptación cinematográfica ya supone una selección que presupone cierta calidad. Esa es otra ventaja, señalar un libro que debe, en principio, merecer la pena. Hay múltiples ejemplos de esto. Sería interminable la lista de películas basadas en libros. Agradezcamos a los guionistas, productores, directores y a la industria cinematográfica, en general, que pongan el foco sobre obras de interés, pero no prescindamos de buscar la referencia literaria original y dejémonos sorprender por ellas. Un libro no es su trama, su argumento. Si así fuera una decena de páginas bastaría para cada uno de ellos. Es más, para mí, y supongo que para más de uno, en realidad , llega a ser lo de menos. Si el valor de un libro se ciñera a su argumento desde luego que no tendría interés ninguno leerlo después de haber visto su película. Ni tampoco existiría, en ese caso, esa práctica tan compartida de releer alguno de ellos. Bueno, pues hecha esta reflexión, sólo queda nombrar algunos títulos. Matar a un ruiseñor, Matilda, Alicia en el país de las maravillas, Charlie y la fábrica de chocolate, El libro de la selva son algunos de una infinidad de títulos. Cualquiera de ellos merece nuestra atención reiterada. Un par de audios de algunos fragmentos de algunas de las obras citadas podrán quizás argumentar lo expuesto. “ Es una pobre lectura la que se hace sólo por ver cómo termina un libro”, Charles Caleb Colton



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