Este cuento de Asimov no precisa reseña alguna, es tan actual que bastará leerlo y o escucharlo para descubrir su oportunidad. Según se puede calcular estaría ubicado temporalmente en el tiempo futuro de los tataranietos de nuestros colegiales. Todo apunta a que será más que posible el escenario escolar (quizás esta palabra le venga grande y "académico" sea más preciso) descrito y si acaso el panorama futuro se desviara algo del texto será probablemente en su anticipación y lo que Asimov aventurara para los tataranietos de nuestros niños hayan de vivirlo sus biznietos. Sea como fuere, y por fortuna, nada de eso veremos quienes ahora ya leemos este relato en una pantalla.
La fecha en la que estamos, tiempo de cierre de curso académico, político, futbolero y de balances, memorias y demás análisis previos al descanso y paréntesis estival, sumado a la proximidad de las elecciones, hacen idóneo el cuento que hoy comparto en estos apuntes. No podría ser otro. Su título,” El mentiroso”, su origen, Algeciras.
Las mentiras inundan nuestras vidas. Los medios de comunicación tergiversan y sesgan la información intencionadamente, qué falta de honestidad periodística. Las estrellas del fútbol fingen continuamente sobre el césped con niveles de interpretación que para sí los quisiera el mismísimo Banderas o Al Pacino, qué asco de deportividad. Los hombres intentan engañar a sus parejas con sexo con otras mujeres, ellas los engañan a ellos con relaciones con otros hombres, qué fidelidad más imposible. Los hijos mienten a sus padres, éstos a aquellos, qué mentira más innecesaria donde se cuenta con tanto amor. Ni los cuerpos desnudos al sol en las playas quedarán libres de tanta mentira, qué soberbia humana eso de la cirujía plástica.
Pues bien, aunque a unos todas estas mentiras les repugnen y a otros tantos les dejen indiferentes diciéndose “la vida es así”, no hay, de entre todas las mentiras habidas y por haber, ninguna más penosa, más lerda, más dañina, más inútil, y de peor consideración en su clase, que aquella que nos hacemos a nosotros mismos. Sin comparación, esa es la peor, el autoengaño. La autocomplacencia faltando a la verdad es desde luego el camino más derecho y más rápido al pozo.
"Madre no hay más que una”. Eso suele decirse. Es una frase hecha. Se le presupone toda suerte de bondades y buenas intenciones. A la única madre, sí. De lo que no estoy tan segura es de que todos lo crean así. Multitud de niños perdidos ( el que no sepa a qué tipo de chiquillos me refiero puede hallarlos como protagonistas en la última novela de John Irving) pensarán bien distinto. Quizás con una coma después de “madre” y añadiendo la palabra “oportunidad”, quizás el menos rencoroso o lastimado de entre todos ellos, y sólo quizás, podría considerarla aceptable. Posiblemente. Pero qué más da. Ellos no están para análisis de frasecitas nuestras. Qué les importará a ellos el lenguaje de nosotros, los afortunados. Todo su mundo nada tiene que ver con el nuestro, cómo iba a ser distinto con el lenguaje. No pocas veces escuché a alguien muy cercano a mí, cuando el tema de la fortuna salía a relucir, que la única suerte era la de la cuna. El momento decisivo, tu nacimiento. A todos nos alcanza ese convencimiento de que, en lo esencial, en ese momento las cartas están echadas. Salvémosnos de juzgar a ninguna madre. Por supuesto. Y tengamos en cuenta que nadie, por su condición de sexo que nadie le dio a elegir por cierto, gusta de constituirse sin remedio en la única oportunidad de nadie. A veces, supongo, esas madres sean niñas perdidas algo crecidas.
Alberto Moravia escribió dos novelas, dos delicias, en las que aparecen sendas madres bien distintas. Una obsesionada con preservar la “ virtud” de su hija, que en tiempos de guerra resulta arduo hasta el imposible. La otra, por el contrario, dispuesta a entregarla ( la virtud de su hija) a cambio de procurarse una vida cómoda. “ La campesina” y “ La romana”. La madre da título a la primera ( de la que podemos ver una adaptación al cine titulada Dos mujeres), la hija, a la segunda. Ambas escritas en primera persona. En la campesina es la madre la que relata los hechos. En la romana es la hija la que cuenta. Sorprende que un escritor alcance como lo hace, magistralmente, el alma femenina.
Curioso que ambas madres, ambos personajes, hilen toda la trama ejerciendo de madres en solitario, sin figura paterna. Toda la carga en ellas.
Sólo me permito un pequeño desahogo ya para ultimar. Siempre me molestó profundamente. Hace pocos días, en televisión, en “Andalucía directo”, emitieron un pequeño reportaje en el que un periodista entrevistaba a unos padres muy apenados. Su hijo había sufrido un accidente grave, el conductor del vehículo causante se había dado a la fuga, luego …, en fin, el hijo estuvo en coma mucho tiempo y ahora, ya fuera de él, se encontraba con sus capacidades mermadas. El entrevistador saltaba del padre a la madre intercalando preguntas a medias contestadas por ambos y, de vez en cuando, atendía las preguntas simultáneas que desde el estudio de canal sur les hacía el presentador del programa. El estado de ánimo de la madre pasaba de largo hacía tiempo, al parecer, por el abatimiento, la desolación y la impotencia, y se movía en ese momento en los aledaños de la histeria y el agotamiento. Y no se le ocurre al presentador desde el estudio de canal sur que preguntarle a la pobre señora que si era el único hijo que tenían. Uff!! Voy a inhibirme de describir lo que sentí cuando, no por primera vez, oía esa velada presunción de que cualquier mal que le pase a un hijo único supone mayor dolor para sus padres que el causado por la desgracia de uno que tenga hermanos. En su caso, esta mujer( a pesar de estar desolada) tenía otros dos hijos. En fin, tras esta reflexión bien puedo terminar como empecé, con una frase para manejo y comprensión de los afortunados, “ Hijos no hay más que uno, uno y cada uno de ellos”. Audio de " La romana"
Hoy, 21 de Marzo, se celebra el día de la poesía. Hay un día para cada asunto, para cada
causa, para cada colectivo, tanto es así que una puede llegar a temer que lleguen a resultar
insuficientes los trescientos sesenta y cinco días de un año cualquiera. Para ser sincera,
reconozco el hartazgo que a veces he podido llegar a sentir al respecto. Al margen de la
dignidad de muchas causas y de la intrascendencia de otras, resulta, como mínimo,
excesivo. Pero, como es lógico, cada uno de nosotros empatizamos, según afinidades y
experiencia vital, con unas más que con otras. Éste es el caso de hoy. Y, aunque pudiera
pensarse irremediable por oportuno, no les traigo un poema, no. Lástima. De nuevo un
relato. Siendo prosa, el tema es la poesía. Describe un penoso futurible nada alentador de
una sociedad. No les adelanto nada más por no mitigar les el placer de descubrirlo. Es un
cuento precioso de Dino Buzzati. En tres audios. Espero que les guste.
33 es un número primo. Aparte,
nadie se atrevería a considerarlo, ni a éste ni a ningún otro, ni grande ni
pequeño, al menos no sin antes exigir saber de qué se trata. Naturalmente,
dependerá del sustantivo que le suceda. Todos coincidiremos en considerarlo un
número enorme si hablamos de linces, por ejemplo; precisamente acaban de nacer
3 criaturas de esa especie en Doñana, o por lo menos eso he creído oír en las
noticias. Sin embargo, si el mismo número viene referido a los años de un
difunto, por ejemplo, qué pequeño nos parece( no sé por qué se me habrá
ocurrido ejemplo tan triste, con lo escaso que resultaría igual número de
caramelos para una cabalgata de Reyes). Me estoy enredando, vuelvo a la idea
principal. Qué les parecería el numerito en cuestión si se tratara de conejos??
Ah! A buen seguro que la mayoría pensaríamos: bah! conejos, tampoco son tantos!
Claro!, obviamente todos conocemos mejor o peor la naturaleza de esa especie.
Pero, en realidad, y como suele pasarnos más a menudo de lo deseable, no nos
atenemos a los hechos, todos, prejuiciosamente, nos habremos hecho una imagen
mental visualizándolos en un entorno salvaje, a campo abierto, o como mínimo,
en una granja saltando aquí y allá con desesperación. Sí, desde luego que no
parece que fueran tantos conejos. Ahora bien, no les parecerán tan pocos cuando
les sitúe y ubique a estos conejos de cuento que hoy les traigo. De los 33, 10
viven encerrados y ocultos por voluntad ajena en un armario, y 20 son
encomendados para su cuidado durante tres días a una anciana algo despistada,a
la que no por ser su abuela le resulta tarea fácil lidiar con tanto pequeño. No
hay que ser un experto en abn para calcular y saber que aún faltarían 2
conejos. Son mamá y papá conejo, que aunque están de viaje, intervienen
brevemente al principio y al final de la trama. Ahora queda aclarar que no
todos los conejos comparten un mismo cuento. De los 33, 10 habitan en un cuento
de Cortázar titulado “ Carta a una señorita en París”, y los 23 restantes en
otro llamado “ Conejos de etiqueta” de Gabriela Keselman. El disparate de tanto
número puede haber sido producto de una influencia muy directa. Esta tarde
mientras conducía escuchaba al profesor Letona, un colaborador del programa de
RNE “ Hoy no es un día cualquiera”, tiene una sección de retos matemáticos, y
ha hecho alusión a un libro de su disciplina titulado “ Los números”, qué
sabemos de? de Javier Cilleruelo y Antonio Córdoba, al parecer muy
recomendable. Lo matemático siempre resulta atractivo y, por otra parte, tan fiable
que procuraré leerlo. Asumo el riesgo de que, siendo ignorante en la materia,
me suene a cuento chino. En ese caso tendré la ventaja de que me encanten los
cuentos.
Los enlaces a los relatos pinchando en el título. A continuación un par de vídeos y un audio.
A veces, en bastantes ocasiones, la creencia de conocer algo nos impide hacerlo
realmente. Son muchas las obras literarias llevadas , con mayor o menor fortuna, al cine. El
haber visto esas adaptaciones al cine muchas veces nos disuade de leerlas. Error. Esa
decisión de llevar a la pantalla ciertos libros tiene, a mi parecer, un doble efecto. Como casi
todo, tiene su conveniencia y su inconveniente. Por un lado, lo da a conocer, por el otro,
aborta en muchos de nosotros la elección de su lectura. Una engañosa idea de que al ver la
película ya conocemos la obra nos mitiga la apetencia de su lectura. El que se invierta en la
producción de su adaptación cinematográfica ya supone una selección que presupone
cierta calidad. Esa es otra ventaja, señalar un libro que debe, en principio, merecer la pena.
Hay múltiples ejemplos de esto. Sería interminable la lista de películas basadas en libros.
Agradezcamos a los guionistas, productores, directores y a la industria cinematográfica, en
general, que pongan el foco sobre obras de interés, pero no prescindamos de buscar la
referencia literaria original y dejémonos sorprender por ellas.
Un libro no es su trama, su argumento. Si así fuera una decena de páginas bastaría para
cada uno de ellos. Es más, para mí, y supongo que para más de uno, en realidad , llega a
ser lo de menos. Si el valor de un libro se ciñera a su argumento desde luego que no tendría
interés ninguno leerlo después de haber visto su película. Ni tampoco existiría, en ese caso,
esa práctica tan compartida de releer alguno de ellos.
Bueno, pues hecha esta reflexión, sólo queda nombrar algunos títulos. Matar a un
ruiseñor, Matilda, Alicia en el país de las maravillas, Charlie y la fábrica de chocolate, El
libro de la selva son algunos de una infinidad de títulos. Cualquiera de ellos merece nuestra
atención reiterada.
Un par de audios de algunos fragmentos de algunas de las obras citadas podrán quizás
argumentar lo expuesto.
“ Es una pobre lectura la que se hace sólo por ver cómo termina un libro”, Charles Caleb
Colton
La semana pasada, el colegio se llenó de fantasmas, vampiros, momias, ... Hoy nuestra colaboradora en "apuntes literarios" les deja un enlace a una entrada del blog La Milana Bonita , que trata sobre el tema los fantasmas en la literatura.
Además también nos deja un audio de uno de los relatos.
Una mínima mención en los informativos de televisión fue todo lo que se le brindó aquel día de agosto. Esperanzada en vano escuché por aquellos días los programas de radio. Igual, en alguno de los que no frecuento oir, le brindaron algún pequeño reportaje, no sé, no he rastreado todo en internet como para certezas. Pero, la verdad, no sería agradecida si no me hubiera sentido defraudada por tanta omisión. Horas y horas de emisión en los medios rellenadas con gente irrelevante y muere un hombre como éste y unos minutillos de pasada, en el mejor de los casos. Así que, aunque este blog tenga un mínimo poder de difusión, a pesar de que no esté , al menos directamente, relacionado con los niños, con la escuela, desoyendo mi intuición del poco interés que suscitará en nuestra comunidad educativa, y contando con su inutilidad, la primera aportación a estos apuntes literarios de este curso no podría ser otra.
A la vera de todas las personas deshauciadas, de una manera u otra, de la sociedad, en mayor o menor medida. Embebido en los textos científicos publicados. En los aledaños de los laboratorios de los investigadores, en los hogares de los raros, a la cabecera de los que padecen, a la escucha de los enfermos, más bien, de las personas enfermas.
Una vida dedicada y ofrecida al conocimiento que persigue el bienestar de las personas con dificultades. Quién mejor que un homosexual, judío, con una infancia tan difícil como intensa, maltratado en la escuela, con la guerra de escenario, quién mejor, y quizás por eso precisamente, para empatizar con los locos, autistas, sordos, ciegos,...
Ese era y es, porque pervive en su obra, Oliver Sacks.
No tuvo bastante con su vida dedicada al estudio y tuvo la gran generosidad de registrar, escribir y publicar todos sus hallazgos científicos y compartir algo más que ciencia, infinidad de emociones propias y ajenas.
Hoy día todo está accesible en la red así que quien quiera curiosear lo tiene fácil. Eludo, pues, nombrar los títulos de sus libros. Incluso detalles y temáticas de los mismos
Se trata, en realidad, para ser exactos, de una mera intención de rendir un modesto homenaje a su persona. La ciencia, la música, la bondad, la generosidad, el trabajo, la natación ( sí, no es una errata), de eso se trata.
Una de las escenas más conmovedoras protagonizada por Robert de Niro ilustra magníficamente uno de sus libros, “ Despertares”. Y representa la carga de emoción de toda su obra, tan técnica como literaria.
Esta vez, dos relatos. Uno algo melancólico, otro, para compensar, más desenfadado. El autor del primero es el que escribiera, en su día, " El desierto de los tártaros", Dino Buzzati, y se titula " Los amigos".
Y, respecto al otro, tanto cuento como autor ya fueron mencionados hace algún tiempo en esta sección, " El hombre del paraguas", Roald Dahl.
Hace pocos días se celebraba el
día del padre. Próximo queda el de la madre. El próximo domingo, para ser
exactos. Dos referencias literarias al respecto. Una, como homenaje a la figura
del primero, otra a la de la segunda.
La primera va dedicada a todo padre, sea
cual sea su presencia. Al padre por fecundación, al padre por adopción, al que
lo es por roce y cuidado, por imposición, por devoción, por obligación, por
circunstancia, por elección, ..., a los que une un común, el amor por sus
hijos. A todos ellos. En mi frustrado intento por encontrar en la red el texto
del cuento elegido para tal menester, y descartando el hacerlo( cosa que
tampoco sé si podría hacerse) a través de fotos de sus páginas, decido
compartirlo a través de un audio casero. Dos sentimientos contrapuestos al
respecto. Por un lado, las ganas de que lo conozcan y lo disfruten, por el
otro, el pudor que me supone, dadas las características del mismo. La creencia,
casi certeza, de que, si bien apenas nadie lee casi ningún texto, aún menos
será capaz de una escucha atenta de tantos minutos, como digo, esa creencia
paliará de alguna manera el pudor al que aludía. Todos declinamos abrir ningún
" wasa" que exceda los 3 minutos, cabe mayor desesperación? Así que
en este punto, deseos contrapuestos, que alguien se permita disfrutarlo y que,
a la vez, nadie tenga esa santa, sorprendente e insólita paciencia. Título,
" El aspirante a padre", autor, Charles Baxter.
La segunda referencia literaria, la dedicada a las madres, es una novela
titulada " La promesa del alba" de Romain Gary. De ésta, sólo una
cita y poco más.
"No
es bueno que a uno le quieran tanto, tan joven, tan temprano. Te
acostumbras mal. Creemos haber triunfado. Creemos que existe en otra
parte, que lo podemos encontrar. Contamos con ello. Miramos, confiamos,
esperamos. Con el amor materno, la vida te hace al alba una promesa que
jamás cumple. Después nos vemos obligados a comer frío hasta el final de
nuestros días"
Hace tiempo que la leí, pero creo recordar que relataba la
historia de un niño, que luego se haría hombre, criado por una madre en solitario.
Me resulta difícil recordar detalles pero recuerdo el regusto que me dejó.
También creo recordar que me llevó a ella una película, " Mis tardes con
Margaritte", pero no podría asegurarlo. Cuando escribo estas líneas ando
buscando la escena donde se citaba este libro, pero aún no la encuentro. No
obstante, dicho film ilustra este tema de la madre y muy bien relacionado con
la lectura, así que resulta idóneo para estos apuntes literarios. Uno de sus
protagonistas, interpretado magistralmente, como acostumbra, por Gérard
Depardieu, no tuvo promesa alguna al alba, cuando naciera, pero tuvo la gran
suerte de que la vida le resarciera al cruzarse en su camino con la gran y
menuda Margaritte.
El viernes 10, a las 17:00 horas en el Centro Documental José Luis Cano se desarrollará un taller para niños y niñas desde los ocho años que lleva por título " Y tú, ¿qué pintas aquí?" y que consiste en la elaboración de un libro ilustrado colectivo.
Ese mismo día a las 19:00 horas, será el turno de Carmen Gil que tendrá un encuentro con lectores.
Estas actividades continuarán el viernes 17.
Si les interesa tienen más información en el siguiente enlace. Para abrir boca les dejamos una selección de algunas de las obras de Carmen Gil que pueden leer en su web, haciendo clic en la imagen de abajo.
El gato es y ha sido, al parecer, la mascota o compañia elegida por no pocos escritores de todos los tiempos. Se podría caer en la inferencia, tan poco científica, de pensar que los cajones de los muebles de las casas merodeadas por esos animales, albergarán sin duda, cuadernos escritos por el propietario.
Como si los cuadernos de notas, diarios, soliloquios y demás desvaríos, públicos o secretos fueran siempre acompañados de tales animales. Hasta ese punto de común ha sido. Borges, Truman Capote, Cortázar, Hemimgway, Twain, Lessing, Camus, Poe, Bradbury, Huxley, Murakami,... son algunos de los referidos.
Pinchando en la imagen de abajo podrán leer el cuento de Kipling titulado" El gato que caminaba solo"
Ayer, 21 de marzo, se celebró el Día mundial de la poesía. Hoy, elecciones democráticas en Andalucía. Este audio une a Kipling con Adolfo Suárez a través de " If". Ambos representan sobradamente su parcela.
Hoy nos deja nuestra experta en literatura un cuento de Hemingway, "El viejo en el puente" ,que pueden leer en este enlace y pueden oír pinchando en la imagen.
Entre montones descuidados y apilados por azar, lo encontré y rescaté de
lo que sería un irremediable final, el contenedor de papel para
reciclar. Sobre la gran mesa de la sala de profesores resistían todos
ellos, día tras día, esperanzados en una improbable salvación. Algunos
de ellos, de seguro, se sentirían , al respecto, aventajados por su
mayor conservación en su encuadernación, por su actualidad en su título o
por su catalogación infantil, ya que por allí pasábamos muchos con
hijos. Este, sin duda, debía haberlo dado todo por perdido. Sus páginas a
duras penas se mantenían unidas, el color de sus márgenes presentaban
ese color sepia tan despreciado por las manos escrupulosas. Jamás lo fui
y eso me convirtió en su última y única esperanza. Título: "El bosque
animado", autor: Floréz. Procedencia: Biblioteca del colegio.
Las
estanterías pedían hueco y renovación. Oh!, gran descubrimiento. Hacía
tiempo que no leía nada tan delicado. Poesía escrita en prosa.
Magnífico! Esa prosa con tanta lírica me recordó a Platero. Para mi
tranquilidad, comprobé que figuraba entre los libros de la biblioteca de
mi padre, que siendo una joya, no es más que uno de los menores legados
que me dejó, y con esa garantía de optar a su relectura, me deshice del
ejemplar. No fue al contenedor de papel, eso, seguro, hubiera sido como
una traición. Pero, para ser franca, no recuerdo si lo llevé a Betel, a
un mercadillo del instituto de mis hijos o si lo deposité en un banco
urbano. Hay gente sin escrúpulos por doquier, se le abría una nueva
esperanza.
Hoy nuestra señorita X nos deja una recomendación. Nos propone que leamos algunos de los cuentos de Ana María Matute.
Nos sugiere la lectura de " Sólo un pie descalzo", libro del que podemos encontrar información en el blog " Pasen y lean " , que califica al libro como "un libro para leer en voz alta".
Aunque este libro no lo podemos leer directamente en intenet sí que podemos acceder a otros relatos de la misma autora pinchando en la imagen del libro. Entre los que encontramos en esa web nos recomienda " La rama seca "
Además nos deja los siguientes enlaces donde podemos escuchar alguno de los relatos anteriores:
Empieza el año y recuperamos una de las secciones que más seguidores tuvo el curso pasado. La señorita X nos deja un magnífico relato sobre el primer día después de las vacaciones navideñas. Espero que lo disfruten.
La vuelta fue algo desoladora.
Volvían con renovadas energías, que nunca en realidad les faltaron, quizás sí
más impetuosas . Respaldados por la fuerza de su certidumbre de tener a buen
recaudo sus deseos cumplidos aguardándoles a la vuelta a casa , incluso,
propietarios de más de alguno que ni recordaban que los hubieran anhelado. Pues
con esas garantías pensaron que bien podían jugarse la vida. Sólo cuando ésta
transcurre tan afortunadamente puede uno olvidarse de valorarla en su más
elemental esencia, la biológica, la integridad física. Debió ser algo así, de
alguna manera, la justificación de aquello porque, de lo contrario, no se
explica esa hiperactividad motórica y verbal con la que invadieron el aula y
agotaron la jornada. Ni espacios, ni tiempos ni advertencias pudieron frenar
aquellas ganas. Así que, una vez más, fueron los ángeles de la guarda o la
providencia quienes se ocuparon de mantenerlos a salvo, siempre alerta para
compensar tales desmanes infantiles. Las rutinas lucharon por restablecerse
pero dejaban a su paso cierto vaho de inutilidad tan frustrante para mi
persona. La lectura parecía pasar entre sus oídos como ..., digamos que ellos,
como el que escucha llover, no, tratándose de niños andaluces, digamos que la
lectura pasaba prácticamente inadvertida, cometiendo inocentemente el mayor de
lossacrilegios para mis ojos . Me
tenían contenta! Así fuimos de despropósito en despropósito consumiendo una
jornada memorable en la que tanto ellos como yo estábamos tan contentos. Y como
suele suceder, las alegrías llegan a su término y cuando llegó el final, ellos
marcharon tan felices como habían llegado al encuentro con sus padres, al
retorno relativo, tras el paréntesis escolar, a la ensoñación navideña que
todavía flotaría en sus hogares. Y allí
me dejaron a mí con un regusto combinado de alegría de volver a verlos, de
frustración profesional, de gratitud y de un determinante propósito de que al
día siguiente no se repitiera. Lo que menos esperaba yo, a pesar de la
reflexión y consiguientes medidas preventivas y organizativas que ya había
tomado, era que un solo comentario de una de las niñas, a primera hora de la
mañana siguiente, paliara y me resarciera del mal sabor del día anterior cuando
me hizo alusión a cierto contenido muy concreto de la lectura de la víspera. De
su cabellera colgaban tres extensiones, una de ellas, blanca, adquiridas en un
chino y elegida ésta acordándose, según me refirió, de los albinos , criaturas
que salieron del texto del cuento leído aquel día memorable de vuelta
vacacional. Me alegró el día! El ánimo profesional se restauró súbitamente . En
casa, supongo, debieron empezar a descolgar adornos de los árboles, no sé,
quizás el sueño matinal, aquellas medidas académicas o aquel ánimo recobrado, o
tal vez la suma de un poco de todo, lo cierto es que ese día los niños se
asentaron y la jornada transcurrió con la cordura habitual y pude disfrutar de
verlos fluir de nuevo con su sólita sosegada alegría infantil.